COMPLIANCE Y GESTIÓN SOSTENIBLE EN LA SUPPLY CHAIN

Compliance y Gestión Sostenible en la Supply Chain.

¿Cómo pueden las empresas contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible? ¿Necesitamos del Compliance para hacer realidad una gestión empresarial más sostenible e íntegra?

Introducción:

Cada vez más, las sociedades exigen a las organizaciones —Estados, empresas y especialmente aquellas que generan un mayor impacto— que actúen responsablemente, de manera sostenible, con integridad y ética.

Lo que antes podía pasar desapercibido, hoy ya no es así.

El mundo ha cambiado en muchos aspectos y, aunque seguramente quisiéramos que esos cambios fueran siempre para mejor, si comparamos nuestra realidad con épocas pasadas y nos detenemos en algunos aspectos que inciden favorablemente en el desarrollo de los pueblos, podemos decir que, en líneas generales, hoy estamos mejor que ayer.

Uno de los factores que ha contribuido a acelerar estos cambios es el acceso a la educación. La educación genera oportunidades y puede permitir a las personas salir de situaciones de pobreza, incluso de pobreza extrema, y modificar realidades que se transmiten de generación en generación.

A lo largo de la historia encontramos numerosos ejemplos de personas que, a través de sus conocimientos, creatividad e innovación, generaron cambios significativos.

Podemos mencionar a Mary Anderson, quien patentó en 1903 el limpiaparabrisas manual, convirtiéndose posteriormente este elemento en un estándar de la industria automotriz.

También a Dorothée Pullinger, ingeniera que decidió emplear mujeres en lugar de hombres y que, bajo su dirección, desarrolló en Inglaterra un modelo de automóvil más compacto, el Galloway 10/20. El vehículo incorporaba características innovadoras, como una posición más elevada del asiento, un volante más pequeño, un tablero inferior y un freno de mano ubicado junto al asiento. La compañía empleó una fuerza laboral mayoritariamente femenina y produjo automóviles hasta 1923.

Estos ejemplos nos permiten observar cómo las sociedades evolucionan y cómo, junto con ellas, también evolucionan las empresas.

La evolución de las empresas:

Durante mucho tiempo, muchas empresas estuvieron enfocadas principalmente en la obtención de beneficios económicos. El impacto de sus actividades sobre el ambiente, las personas o las comunidades no siempre ocupaba un lugar central en la toma de decisiones.

Sin embargo, las sociedades comenzaron progresivamente a exigir mayores niveles de responsabilidad.

Aunque siempre existieron empresas conscientes de los impactos que producían, también es cierto que muchas organizaciones modificaron sus prácticas a partir de experiencias negativas.

Un ejemplo paradigmático fue el desastre del Exxon Valdez, ocurrido en marzo de 1989, cuando el petrolero encalló en Alaska y produjo uno de los derrames de petróleo más importantes de la historia.

Este acontecimiento contribuyó a generar cambios en materia de legislación ambiental y a fortalecer el enfoque preventivo.

La prevención comenzó así a adquirir una importancia cada vez mayor en la gestión de las organizaciones.

El Pacto Mundial de Naciones Unidas:

Uno de los hitos importantes en este proceso fue la creación del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, iniciativa anunciada por Kofi Annan en el Foro Económico Mundial de Davos en 1999 y creada formalmente en el año 2000.

El Pacto Mundial constituye una iniciativa orientada a que las empresas alineen sus estrategias y operaciones con principios universales relacionados con los derechos humanos, el trabajo, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción.

Sus dos grandes objetivos son:

  1. Incorporar sus Diez Principios en las actividades empresariales de todo el mundo.
  2. Promover acciones en apoyo de los objetivos más amplios de Naciones Unidas, incluidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Los Diez Principios del Pacto Mundial:

Los Diez Principios se organizan en cuatro grandes áreas:

Derechos humanos:

Principio 1: Las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos proclamados internacionalmente.

Principio 2: Asegurarse de no ser cómplices de abusos contra los derechos humanos.

Trabajo:

Principio 3: Defender la libertad de asociación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva.

Principio 4: Eliminar todas las formas de trabajo forzoso y obligatorio.

Principio 5: Promover la abolición efectiva del trabajo infantil.

Principio 6: Eliminar la discriminación en materia de empleo y ocupación.

Medio ambiente:

Principio 7: Apoyar un enfoque de precaución ante los desafíos ambientales.

Principio 8: Promover una mayor responsabilidad ambiental.

Principio 9: Fomentar el desarrollo y la difusión de tecnologías respetuosas con el medio ambiente.

Anticorrupción:

Principio 10: Las empresas deben trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas la extorsión y el soborno.

Este último principio es el eje central que abordaremos en este artículo.

Corrupción y Objetivos de Desarrollo Sostenible:

En 2015, Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, integrada por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Los ODS abarcan cuestiones como la eliminación de la pobreza y el hambre, la educación, la igualdad, el cambio climático, la protección del ambiente y la construcción de sociedades más justas e inclusivas.

Dentro de este marco, la lucha contra la corrupción tiene una relación directa con el ODS 16, que plantea la necesidad de promover sociedades pacíficas, justas e inclusivas, así como instituciones eficaces, responsables e inclusivas.

En particular, la meta 16.5 propone reducir considerablemente la corrupción y el soborno en todas sus formas.

¿Por qué la corrupción afecta la sostenibilidad?

La corrupción genera consecuencias económicas y sociales que afectan especialmente a los sectores más vulnerables.

Los recursos que deberían destinarse a servicios esenciales pueden desviarse, afectando áreas fundamentales como la salud, la educación, los programas sociales y otras políticas destinadas a mejorar las condiciones de vida de la población.

Por eso, combatir la corrupción no es solamente una cuestión legal.

También es una cuestión de desarrollo sostenible, justicia social, confianza institucional e integridad.

 

¿Cómo contribuimos desde nuestras empresas y organizaciones?

Muchas empresas en todo el mundo comenzaron a reconocer que integrar los principios y criterios de sostenibilidad en sus operaciones y prácticas corporativas no constituye solamente un imperativo ético, sino que también puede ser una buena decisión empresarial a mediano y largo plazo.

La sostenibilidad requiere incorporar estos principios a la manera en que las organizaciones toman decisiones, gestionan sus riesgos y se relacionan con sus grupos de interés.

En este contexto, uno de los elementos que progresivamente ha adquirido importancia como herramienta para la gestión de riesgos es el Compliance.

 

Compliance: mucho más que cumplimiento normativo:

El término Compliance suele traducirse como “cumplimiento normativo de la empresa”. Sin embargo, su alcance es mucho mayor.

Podemos entenderlo como un conjunto de procedimientos y buenas prácticas adoptados por las organizaciones para identificar, clasificar, gestionar y corregir sus riesgos, con el objetivo de evitar o reducir los riesgos propios de la actividad empresarial.

Además, el Compliance puede ir más allá de los requerimientos estrictamente normativos. En este sentido, aparece el fenómeno de la autorregulación.

Podemos distinguir:

Requisitos de Compliance:
Son aquellos que la organización debe cumplir.

Compromisos de Compliance:
Son aquellos que la organización adopta y decide cumplir.

Por lo tanto:

Obligaciones de Compliance = Requisitos + Compromisos

En definitiva:

COMPLIANCE ES CUMPLIR CON TODAS LAS OBLIGACIONES DE COMPLIANCE DE UNA ORGANIZACIÓN.

Esta concepción, basada en la diferenciación entre requisitos y compromisos, fue uno de los conceptos desarrollados en la charla de 2022.

 

Compliance y gestión de riesgos:

Los procesos de Compliance involucran instrumentos y esfuerzos realizados por una empresa para asegurar que sus actividades se desarrollen de acuerdo con las normas jurídicas y reglamentarias, las prácticas del sector y las políticas y normas internas de la propia organización.

Desde esta perspectiva, el Compliance puede describirse como un conjunto de procedimientos y buenas prácticas destinadas a identificar, clasificar, gestionar y corregir riesgos.

Su finalidad es prevenir incumplimientos y proteger a la organización frente a riesgos jurídicos, financieros y reputacionales.

Por eso, el Compliance se ha convertido progresivamente en una herramienta para una adecuada gestión corporativa y en una buena práctica para organizaciones que buscan actuar de manera proactiva.

 

El origen de una cultura de prevención:

Uno de los antecedentes relevantes en materia de Compliance empresarial se encuentra en Estados Unidos, con la Foreign Corrupt Practices Act (FCPA) de 1977.

Esta legislación estuvo orientada a combatir determinadas prácticas comerciales lesivas y a generar condiciones de mayor transparencia e igualdad para las empresas y los inversores.

A partir de entonces, distintos países fueron desarrollando sus propios marcos normativos y herramientas para prevenir y combatir la corrupción.

En Argentina, esta evolución también tuvo un hito importante con la Ley 27.401, vigente desde 2018, que establece un régimen de responsabilidad penal aplicable a determinadas personas jurídicas y promueve la adopción de Programas de Integridad.

Entre los elementos que pueden formar parte de un Programa de Integridad se encuentran:

  • Evaluación de riesgos.
  • Código de Ética o Conducta.
  • Políticas y procedimientos.
  • Reglas de actuación con el sector público.
  • Capacitación y comunicación.
  • Canal ético de denuncias.
  • Compromiso de la Alta Dirección (Tone from the Top).
  • Due diligence.
  • Responsable o Compliance Officer.

 

Hacia una gestión verdaderamente sostenible:

La evolución de los Programas de Integridad muestra también que la prevención de la corrupción no debería analizarse de manera aislada.

La tendencia es incorporar progresivamente otras perspectivas, entre ellas los derechos humanos, el género y el ambiente.

Esto nos lleva nuevamente al punto de partida:

Sostenibilidad, integridad, ética, gestión de riesgos y Compliance no son conceptos aislados.

Forman parte de una misma visión de organización responsable.

Las empresas tienen un papel fundamental en la construcción de sociedades más sostenibles. Para ello no alcanza con cumplir las normas: es necesario incorporar valores y principios a las decisiones, procesos y relaciones que forman parte de la actividad cotidiana.

Y esto adquiere una relevancia todavía mayor cuando hablamos de la Supply Chain, donde una organización no gestiona solamente sus propios riesgos, sino también aquellos vinculados con proveedores, contratistas, clientes y demás actores que integran su cadena de valor.

 

Reflexión final:

El Compliance puede ser una herramienta concreta para contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente cuando se lo entiende desde una perspectiva integral de prevención, gestión de riesgos, integridad y responsabilidad empresarial.

La lucha contra la corrupción requiere acciones coordinadas entre los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado.

Pero también requiere algo más profundo:

una transformación de la cultura de las organizaciones.

Una cultura basada en la ética, la integridad, la transparencia y la responsabilidad.

Porque construir organizaciones sostenibles no consiste solamente en reducir impactos ambientales o cumplir determinados requisitos.

También significa hacer negocios de manera íntegra, responsable y consciente del impacto que nuestras decisiones generan en las personas, las organizaciones y la sociedad.

Sobre este artículo:

Este artículo fue elaborado a partir de la charla “Compliance y Gestión Sostenible en la Supply Chain”, correspondiente a Charla #28 – Mujeres Logísticas #6, dictada en el año 2022 por María Bomczuk, en el espacio "Charlas Logísticas" del Ing. Facundo M. Monti, de Universidad Nacional de San Luis, Argentina.